La baja visión corresponde a una pérdida de visión suficiente para limitar las actividades de la vida cotidiana. Atención: no se trata de una ceguera total. Al menos el 80 % de las personas afectadas tienen un residuo "de visión útil" que a menudo puede mejorarse con aparatos especiales.
La baja visión puede presentarse por una afectación de la visión central o de la visión periférica.
1. La visión central
Se observa dificultad para leer, escribir, realizar trabajos de precisión, apreciar los colores o reconocer los rostros. La degeneración macular y la retinopatía diabética son las causas más frecuentes.
2. La visión periférica
La visión lateral está afectada. Puede resultar una visión en túnel, de modo que puede ser difícil desplazarse sin chocar con los objetos. El glaucoma avanzado y la retinitis pigmentaria son ejemplos de ello.
Las causas
Las causas son numerosas, pero actualmente la alteración de la visión central está dominada por la afectación degenerativa de la mácula. Esta degeneración macular asociada a la edad (D.M.L.A.) corresponde al envejecimiento patológico de la retina macular.
Las principales patologías que conducen a una baja visión:
el glaucoma: se trata de una hipertensión en el interior del globo ocular. Esta hipertensión provoca una alteración progresiva del campo visual. El glaucoma crónico es una afección bastante frecuente, indolora, a menudo hereditaria, que solo puede descubrirse con ocasión de un examen médico realizado por un oftalmólogo. Esta afección puede provocar una ceguera definitiva si no se trata. El tratamiento es médico en un primer momento y puede requerir en cierta etapa un tratamiento quirúrgico. El glaucoma agudo, más raro, es doloroso. Se trata de una urgencia médica (visión borrosa con dolor de cabeza, dolores, náuseas, …).
la DMLA: Degeneración Macular Asociada a la Edad. Esta afección se ha convertido en la principal causa de mala visión en los países occidentales y afecta sobre todo a los mayores de 65 años. Hay 1 250 000 personas afectadas en Francia. La DMLA no provoca ceguera, pero perturba la visión de los detalles (lectura, por ejemplo). Evoluciona hacia una pérdida de la visión central.
la retinopatía diabética: es la primera causa de ceguera antes de los 50 años. El seguimiento oftalmológico de los pacientes diabéticos es fundamental. El tratamiento, al margen de la diabetes, se realiza principalmente con láser (fotocoagulación). El campo visual está reducido y perturbado por manchas.
la retinitis pigmentaria: afección que afecta a unas 30 000 personas en Francia. En la mayoría de los casos, el diagnóstico se realiza entre los 20 y los 40 años. Esta afectación retiniana es evolutiva y conduce a la ceguera por una disminución inexorable del campo visual. La molestia ante la luz se siente de forma muy intensa.
la catarata: pérdida de transparencia del cristalino (u opacificación del cristalino) que provoca una disminución de la agudeza visual. Es una afección frecuente que aparece después de los 60 o 65 años (disminución progresiva de la agudeza, visión borrosa, visión amarilla). El tratamiento es únicamente quirúrgico.
Las ayudas visuales
Los programas de rehabilitación y las herramientas especiales permiten a las personas con baja visión ver de otra manera. Ni con buena visión ni ciegos, los deficientes visuales son más de 1,5 millones en Francia. Su visión varía de 1 a 4/10 tras corrección. La mayoría de las personas afectadas por esta discapacidad tienen más de 65 años.
Aprovechar al máximo su mínimo visual. Pero aunque sea escasa, la visión existe todavía. Aunque sea imperfecta, funciona. Una persona con baja visión conserva capacidades visuales más o menos importantes que hay que optimizar y cultivar. La rehabilitación de baja visión es una ayuda muy valiosa. Concepto aún poco conocido por muchos oftalmólogos, permite no recuperar las capacidades visuales sino ver de otra manera. Enseña a utilizar medios de compensación.
La visión es un proceso cerebral multisensorial que recurre a todos los sentidos. Y no se reduce únicamente al funcionamiento del ojo.
La rehabilitación pasa así por el desarrollo del uso del tacto, el olfato y el oído. Al ritmo de unas pocas sesiones por semana, o en hospitalización completa, la persona sigue un programa variado: rehabilitación ortóptica (coordinación ojo-mano...), ergoterapéutica (tono muscular, control de trayectorias), seguridad en los desplazamientos (detección y evitación de obstáculos inmóviles, subida y bajada de escaleras...) y actividades de la vida diaria (lectura, juegos...). Esta rehabilitación se practica a todas las edades. Con una condición: demostrar motivación. Solo la persona con baja visión puede decidir participar en ella.
Las ayudas visuales indispensables.
Numerosas herramientas contribuyen también a ayudar a la persona con baja visión. Las lupas, el más antiguo de los sistemas utilizados para la ampliación de una imagen, son hoy en día muy prácticas y adaptadas a diversos usos: de mano o de apoyo, con puente o con pie, articuladas, con sistema de iluminación.
También pueden integrarse en gafas. Los videoamplificadores, más recientes, permiten leer todo tipo de documentos manuscritos. Los amplificadores electrónicos incluyen una cámara, un sistema óptico y una pantalla. Pueden ampliar hasta 50 veces el tamaño del texto original.
Algunos son transportables, otros pueden conectarse a un ordenador. También existen teléfonos con teclas grandes; relojes, básculas de cocina o básculas de baño parlantes; juegos de cartas, libros y periódicos en letra grande, etc.
Ver mal no significa no ver en absoluto. La baja visión no debe ser un obstáculo para una vida autónoma.
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